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lunes, 29 de octubre de 2012

Vivir para otros

Por Pisc. Liliana Lara


Yo amaba que él llegara en shorts de futbol y tenis a mi casa, mientras mi papá decía: “Mira nada más cómo viene a visitarte”. Amaba que hiciera eso, que no le importara o siquiera pensara lo que mi papá, mi mamá o yo pudiéramos pensar sobre su vestimenta.

Su ropa era tan sencilla como su carácter y su desaliño tan libre como él. Con el paso del tiempo, reafirmo cada día que no me equivoqué. Casarte con alguien que se mostró transparente desde un principio y que nunca se esforzó “por quedar bien” sino que quedaba bien con el solo hecho de ser tal cual era, te ahorra malas sorpresas en el matrimonio. Vivir de apariencias no es lo mío.

He pasado por empleos muy formales, tener mi propio negocio, conocer gente sobresaliente, adinerada, pudiente en México y también platicar con el pepenador de los martes. Y todos buscan lo mismo… ¡libertad!, ¡vivir!, ¡amor y respeto!

Creo que vivir para otros puede ser muy digno o muy vergonzoso. Madre Teresa, te aplaudo de pie. Viviste para otros, para hacerles un bien. Para ayudar.

Por otra parte, existe mucha gente viviendo para otros, estresada por comportarse, vestirse, hablar o no hablar, siempre cuidándose de lo que los demás dirán de él o ella. De la casa, el carro o la ropa que tiene.

Que tu vida gire alrededor de lo que otros opinen, es como ir a Disneyland y dedicarte a limpiar el parque para que otros lo disfruten. Y los visitantes al darse la media vuelta, ni se acuerden de ti.

Hace apenas 3 noches escuché a un hombre decir: “Iba en mi carro del año cuando ese auto nos impactó de frente. Quedé prensado, mis 2 niños lloraban asustados desde sus sillitas, mi esposa y yo con los brazos quebrados sin poder salir o siquiera movernos. Yo sólo le pedía a Dios que nos diera otra oportunidad. Que el trabajo y las cuentas ya no serían la prioridad, que dedicaría más tiempo a lo que realmente era importante. Y que aún si me quitaba todas mis posesiones, me dejara las más importantes. Mi familia.”

Sería bueno que entendiéramos:

- Que somos seres valiosos en sobreestima por el simple hecho de ser seres vivos.

- Así como yo soy valioso, lo soy en la misma medida que mi vecino, mi mejor amigo o la persona que peor me cae.

- Que tengo la oportunidad de crecer a través del ayudar a los demás.

- Que es fácil pedir lo que a uno le corresponde cuando has entendido que así como das, también mereces recibir.

- Que lo que separa al Presidente de un País de un vagabundo sucio, son años de estudio, una historia de vida diferente, pero con su corazón al desnudo ambos son igual de valiosos.

- Que es bueno tratar con respeto a todas las personas porque eso habla sobre todo, de ti mismo, de tu calidad y madurez personal.

- Que es bueno que no te avergüences de tus raíces, sino que hables con amor del lugar de donde vienes. Para algunos, significará llevar a su madre a un evento aunque cuando ella no sepa andar en tacones, pues aún en su humildad y quizá ignorancia, jamás salió corriendo ante la inmensa y pesada responsabilidad de educar un niño.

- Por otro lado, presumir lo que tenemos porque “Papá ya me lo dio” es presumir la mediocridad de no saber generar algo por mí mismo. Quisiera que eso, muchos jóvenes lo entendieran.

- Que las personas más admirables son las que se atreven a ser ellos mismos, quizá a no estar de acuerdo en todo pero respetando las diferencias. Se ADAPTAN CON INTELIGENCIA y con un alto grado de nobleza.

Una vez mi hijo lloró porque se hizo una cortadita en la rodilla mientras jugaba en el kínder. Y le dije que yo conocí un niño que nunca se cortó. Él abrió grandes los ojos y me pregunto: ¿Cómo le hizo? “Nunca salió al recreo” – le contesté –

Y definitivamente así es, si lo que queremos es nunca afrontar diferencias con los demás, es como no salir al recreo. Estarás seguro, pero muy aburrido.

Mi marido ya usa camisas y cinto para trabajar. Pero en cuanto llega a casa corre por sus shorts.


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